Hace unas semanas recibimos un mensaje de Erika, una nueva clienta que acababa de pasar por un proceso importante: le habían retirado una placa de titanio del tobillo después de varios años de llevarla consigo. Ella quería transformar esa pieza en accesorios significativos que pudiera usar en su día a día.
Había acudido a distintas joyerías, pero al no tratarse de un metal convencional como la plata u oro, le dijeron que no podían trabajarla. Para muchas era un material incierto, y por ello rechazaron el proyecto.
Cuando Erika nos contactó, en el taller también surgió la misma duda. No sabíamos si sería posible cortarla o moldearla sin dañarla. Aun así, decidimos tomar el reto. Con un poco de investigación, paciencia y valor ante los nervios de manipular una pieza tan única, comenzamos a buscar la mejor manera de convertirla en algo que realmente la hiciera feliz.


Afortunadamente, el resultado le encantó. Erika se llevó varias piezas pensadas especialmente para ella: accesorios que ahora funcionan como un recordatorio físico de todo lo que vivió durante los años que llevó la placa consigo.
Este proyecto, aunque muy distinto a lo que normalmente hacemos en el taller, nos recordó por qué amamos tanto este trabajo: la posibilidad de crear objetos con significado, de encontrar soluciones y de acompañar a nuestros clientes en procesos profundamente personales.

